Preguntas frecuentes

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Dolor al orinar, aumento de la frecuencia urinaria, dificultad para vaciar la vejiga, sangre en la orina o dolor lumbar pueden ser señales de alerta que requieren valoración médica.

Sí. El urólogo es el especialista indicado para diagnosticar y tratar este problema, ofreciendo soluciones que incluyen cambios en el estilo de vida, fármacos o terapias avanzadas.

Depende de la edad, antecedentes y síntomas. En general, se recomienda una revisión anual a partir de cierta edad o antes si existen factores de riesgo.

Sí. Aunque muchas personas lo desconocen, el urólogo no trata solo a hombres. En la mujer aborda problemas como infecciones urinarias (cistitis o infecciones renales), cálculos en el riñón, incontinencia urinaria o tumores del aparato urinario. También participa en procedimientos complejos como el trasplante renal.

El PSA es una proteína que se mide mediante un análisis de sangre y que puede estar relacionada con enfermedades de la próstata, incluyendo el cáncer. No obstante, un valor elevado no siempre indica malignidad, por lo que debe ser evaluado por un especialista.

En la mayoría de los casos sí. Existen múltiples opciones de tratamiento que van desde ejercicios del suelo pélvico y cambios de hábitos hasta medicamentos o técnicas quirúrgicas poco invasivas, adaptadas a cada paciente.

Cuando se detecta en fases iniciales, tiene un alto índice de curación. Incluso en etapas más avanzadas, hoy en día existen tratamientos eficaces que permiten controlar la enfermedad durante largos periodos.

La hematuria puede deberse a diferentes causas, como infecciones, cálculos o enfermedades más serias como tumores. Ante este síntoma, es fundamental acudir al urólogo para un diagnóstico adecuado.

El uso de láser, especialmente el láser verde, permite tratar el agrandamiento benigno de la próstata con menor sangrado, una recuperación más rápida y menos complicaciones que la cirugía tradicional.

Sí. Dependiendo del caso, pueden emplearse alternativas como la radioterapia, la hormonoterapia o incluso la vigilancia activa. La elección dependerá de las características del paciente y del tumor.